Review Alquimia – Resistance webzine

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Sábado, 13 Octubre 2018
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 “Este es el tiempo de sepultar, a quienes viven de intimidar”, pregona con fuerza “Altavoz”, primer adelanto y track inicial de “Alquimia”, tercer largaduración del cuarteto nacional Téfiret y el que, por razones que expondremos en los próximos párrafos, lo muestra en su mejor forma hasta el momento, siempre avanzando y expandiendo su sonido hasta más allá de lo pensado. En estos tiempos que parecen ser “mejores” para algunos, la música adquiere sentido como canal de expresión y protesta de acuerdo a la urgencia de los tiempos. Por ende, la honestidad con que los porteños salen a atacar desde el riff inicial conforma una señal de identidad por parte de una agrupación que concibe su propuesta en base a la realidad cotidiana y la lucha como bandera.
   Como mencionábamos en un comienzo, no hay empacho en afirmar que “Alquimia”nos presenta a una agrupación en pleno dominio de sus facultades, tanto a nivel creativo como intérpretes de excepción. Si el anterior “Dual” (2016) marcó la consolidación de su identidad sonora, esta vez el objetivo apunta hacia la ambición musical intercalada con la honestidad propia del Rock. Sí, la palabra ‘honestidad’ es una constante a lo largo de los 8 tracks con que el disco se erige como un coloso que, en vez de la violencia, difunde un discurso combativo y urgente de acuerdo a la realidad local. Un trabajo con el cual se puede identificar el ciudadano común que madruga para alimentar a los suyos y lucha por sus metas en la implacable jungla urbana. ¿Qué más Rock que algo así, sobretodo en estos tiempos?
  El viaje comienza de la mano de la mencionada “Altavoz”, un compendio de gran nivel respecto al fuego que la música despliega con furia e inteligencia a la vez. Una intro cuya tranquilidad inquietante muta en una ráfaga de riffs de alto octanaje y una interpretación que trasciende cualquier etiqueta o análisis rebuscado. “Ya no nos pueden callar”, un mensaje directo y potente al que la voz de Catalina Blanco le da un sentido de llamado a luchar contra un sistema que favorece a los ricos y castiga duramente a la población más vulnerable. Musicalmente, la versatilidad con que el cuarteto de la Quinta Región se desenvuelve en las grandes ligas, es directamente proporcional al peso con que barre con toda frontera y prejuicio establecidos.
  El bajo a cargo de Ricardo Peña marca la entrada de “Tribu (in che kay che)”, rock chileno en todos sus surcos, en especial tomando en cuenta la tremenda labor del baterista Esteban Silva y el mencionado bajista Ricardo Peña como base rítmica, ambos generando el groove con que Téfiret remece peligrosamente los cimientos del status quo y, nuevamente, llama a enfrentar y combatir la opresión por parte de toda autoridad, como podemos apreciar en la fuerza de los coros. A la vez, constituye un llamado al respeto mutuo y a tener consciencia como humanos y no ser tratados como bestias de aniquilación. Un mensaje que, por cierto, encaja perfectamente con lo que ocurre en la Araucanía y sus alrededores desde hace cinco siglos.
  Así como hay un discurso marcadamente contestatario, también hay lugar para construir paisajes como lo hace “Aura”, una parada obligada al momento de entender la naturaleza de Téfiret y su integridad artística. La participación de Alain Johannes no solo aporta a la tridimensionalidad -ya probada, a estas alturas- de la música, sino también entabla un nexo con la realidad cotidiana, navegar contra viento y marea pero sin renegar de las raíces. El nivel de honestidad con que los porteños proyectan su sonido puede ser tan cálido como incómodo a la vez, inclasificable y sublime como es el arte concebido en el corazón, forjado con la mente y proyectado con ese elemento que parece escasear en estos tiempos: HUMANIDAD.
  La faceta épica se perfila con notoriedad en “Raudo”. Más allá de la solidez de la placa en su totalidad, el cuarto track de “Alquimia” es uno de los momentos más altos cuando se trata de variedad y categoría. Vertiginoso, fiero, hermético y punzante. Una alta gama de matices sonoros que intercalan vanguardia y Metal por partes iguales. Un riff ponzoñoso sobre el cual se mantiene la coherencia del disco luego de su onírica sección inicial. Desplegando toda su bravura, Téfiret despeja dudas y abre vórtices hacia otros universos sin perder el contacto con la realidad. Con qué swing puede provocar reacción y daño y, a la vez, abrir los ojos del pensamiento.
  El groove montañoso de “Chacal” y su atmósfera taciturna, perfectamente conforman una muestra de rock chileno hasta la médula. Uno de los pasajes más sentidos del disco, con Catalina Blanco despuntando con una interpretación que cala hondo en la historia de un país que aún siente las secuelas de la dictadura que nos mantuvo secuestrados durante 17 años. Enfocándonos en lo técnico, además del sobresaliente trabajo de Boris Valenzuela en las seis cuerdas como generador de atmósferas, la profundidad del bajo de Ricardo Peña y la versatilidad de Esteban Silva en la percusión destacan como puntales en esta máquina de concebir música tan potente como su mensaje.
  “Ares” -dios de la guerra, en la mitología griega- nos refriega en la cara la dureza de la vida real, al mismo tiempo que nos sumerge en múltiples dimensiones conectadas entre sí. Con el teclado a cargo del sesionista Gabriel González desbordando por las bandas, la experticia técnica sale a relucir de manera más completa su faceta progresiva, sin perder el hilo por un instante. Una composición tan compleja como flameante en su ejecución, muestra irrefutable de ambición musical y compromiso con la realidad a prueba de cualquier elemento externo. Algo así como sumergirnos en los recovecos más profundos de nuestra condición humana, donde se albergan nuestros miedos y errores.
   La grandilocuencia presente en el track que titula el disco, debe ser uno de los pasajes más interesantes en lo que respecta a la versatilidad sonora con que Téfiretexpande su vibra latinoamericana más allá de cualquier frontera. ¿Cómo no caer rendido ante tamaña muestra de categoría en favor del arte? Ambicioso, directo, escalofriante. Trascender más allá del Rock como “estilo musical” y dar el paso hacia un nivel superior en lo que respecta al género cuando se trata de unir mundos bajo un mismo propósito. Al mismo tiempo, el sentimiento combativo de un pueblo que no cesa su lucha contra el invasor extranjero, -la codicia del empresario dispuesto a “comprar” la dignidad humana- cobra forma y razón de ser como pocas veces se ha dado.
  Culminando los 45′ de viaje, llegamos a “Esferas”, un recorrido astral con el sintetizador ejerciendo como guía hasta la entrada de Catalina Blanco como portadora de la antorcha, cual guía en plena excursión nocturna. Cerca de los 5′, nos encontramos con una sección instrumental que raya lo desquiciado, caos en su estado más puro y derivando en un agujero negro cuyo apetito voraz impulsa a absorberlo todo de manera indiscriminada. Pero toda aquella catarsis al borde de la muerte no es más que un mal sueño del cual logramos despertar y darnos cuenta de que aún hay un propósito por el cual luchar a diario. Broche de oro para un trabajo sólido y destellante por sí solo.
  “Alquimia”, tal como reza su nombre, nos resume el estado en que se encuentra una agrupación que apunta al descubrimiento de los elementos que constituyen el universo en su totalidad. Bajo el hermetismo presente en la placa, hubo un proceso de purificación con que la música apuntó hacia la combinación de elementos y pasajes en torno a una fórmula con fines terapéuticos. Téfiret logró dar con aquella fórmula pero sin olvidar que la búsqueda va más allá de una meta en particular. El futuro esplendor puede que esté en todas las esquinas, pero el presente es lo que trasciende, lo real dentro de todos los futuros existentes y por haber.

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